La historia de una revolución

Los chicos salvajes: El libro de los muertos de William Burroughs es el libro-película de cómo cayó la civilización. Rodada fundamentalmente en tres localizaciones: Londres (donde el relato fue escrito en 1969), Marrakech (donde Burroughs vivió durante muchos años atraído por la accesibilidad a las drogas) y Sant Louis, Missouri (donde el autor nació en 1914). Narra los esfuerzos inútiles de un grupo de militares por erradicar a un enemigo ancestral. El enemigo: los chicos salvajes, que pueden estar en cualquier lugar y sólo ellos saben quiénes son, dónde se ocultan, cuáles son sus poderosas armas. Su base se encuentra en Marruecos, a las afueras, donde todo es desierto. Pero la gente decente se ha dado cuenta de que su perniciosa influencia empieza a extenderse por todo el planeta.

BurroughsBurroughs elige a un protagonista, un tal Johnny, el héroe. Johnny recuerda su larga historia desde que era niño en Sant Louis, Missouri, y le gustaba colarse en los campos de golf haciéndose pasar por un caddy. Johnny está ya infectado por la semilla erótica de los chicos salvajes, igual que una infinidad de chicos por toda la nación. Todos están contagiados, hasta los astronautas. John elige a Audrey en el colegio y lo inicia y Audrey nos narra su viaje a través de los sueños de la pantalla de un peep-show al corazón pictográfico del Libro de los muertos, una biblia de cantos dorados.

La revolución fantástica de Burroughs tiene como epicentro una intrincada y repetitiva (como un mantra) mitología de la homosexualidad masculina. Es el remedio contra todos los males de la civilización: la familia, la religión, la nación, la posesión. Los chicos salvajes follan con cualquiera, han hecho del follar su familia, su religión, su nación sin fronteras, su generosa y viva posesión.

La pornografía es una revolución violenta contra los principios más sagrados de un sistema corrupto, desigual, inmoral y degenerado. Es su hermano gemelo.
Burroughs defiende la libertad infinita de los chicos salvajes en contrapunto a la infinita esclavitud del mundo civilizado, irónico y decadente. Parte genética y a la vez foránea de la rebelde trinidad Beat (junto con Ginsberg y Kerouac), Burroughs hace de la prosa pura poesía. La película se rompe para destruir la sintaxis, la estructura lineal, la apariencia de sentido. Su intención: romper con ella la realidad.

Solemos comprender la literatura como el reflejo más o menos fiel, más o menos conforme de las cosas que suceden. Los chicos salvajes: El libro de los muertos intenta comprenderla al revés. La palabra tiene más peso. Las cosas, en el fondo, nunca suceden. Sólo sucede la narración. El resto se pierde en el tiempo.

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