La presa, Kenzaburo Oé

Un pequeño pueblo perdido en las montañas es el escenario elegido por el Nobel de 1994 para narrar una historia a través de los ojos de un niño.

la-presaoe.jpgLa aldea está en Japón, pero podría estar en cualquier parte del globo. Los sentimientos, sobre todo los puros e intensos de los niños, son universales. En todas partes hay infantes con ganas de explorar el mundo. Imaginad un acontecimiento tan extravagante como la caída de un avión enemigo en los alrededores del pueblo. Más asombroso todavía: hay un superviviente. Nada será igual desde entonces.

El prisionero es un soldado negro al que no pueden llevar a la ciudad porque el puente se ha derrumbado. Es entonces cuando nuestro protagonista no puede creer en su suerte: su padre le ordena que le lleve la comida diariamente al piloto, que ha sido encerrado provisionalmente en un viejo sótano. A partir de ahora será un niño respetado por los demás, incluso cederá a los otros (previo pago) el “honor” de llevar el cubo con los excrementos del americano. Los niños ven aventuras en lugares insospechados, lástima que pierdan esa capacidad al madurar.

La presa es un relato lleno de ingenuidad y también de descubrimientos. A medida que pasa el tiempo los aldeanos empiezan a confiar en el soldado, la costumbre, que es mala compañera, hace que pierdan el miedo. Incluso le permiten acompañar a los niños a bañarse en el arroyo. La vida parece un remanso de paz y de armonía.

kenzaburo-oe1.jpgY sin embargo, como en la vida, llegan los malos momentos. La magnificencia de esta novela no es sólo la exquisita capacidad oriental de su autor para la descripción, es también la extraordinaria visión realista que nos aporta. En ningún caso Kenzaburo Oé se deja llevar por la transparente credulidad del niño. A lo largo del relato notamos, sabemos, que algo va a suceder, un hecho que, no por esperado, es menos sorprendente. Magistralmente el autor se guarda un as en la manga para el final, un golpe de efecto que no nos esperábamos.

Esta es una historia interesante contada por un maestro que deja un buen sabor de boca a pesar de la forma cruda y sin disfraces con la que nos es narrada.

Os recomendamos encarecidamente su lectura por dos motivos fundamentales: es muy corta y os va a gustar.

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