Latinos y sajones

En su ensayo «En el día de Shakespeare» Goethe realiza una crítica a la cultura latina y sobre todo a los cenáculos ilustrados franceses que repudiaban al teatro de Shakespeare, oponiendo a la filosofía de la razón una visión romántica (es decir revolucionaria) del arte y la filosofía.

Voltaire odiaba a Shakespeare. Es así, no hay que darle más vueltas al asunto. En los cenáculos franceses del siglo 18 circulaba una homurada: los racionalistas franceses seguidores de la filosofía de Voltaire aconsejaban no sentarse en las primeras filas de un teatro en el que estuviesen dando una obra de Shakespeare porque se corría el riesgo de volverse uno a su casa con la camisa salpicada de sangre. Esta broma hacía referencia a lo burdo y falto de sensibilidad con que veía Voltaire al trabajo del dramaturgo inglés.
Mientras que esto sucedía, Goethe (gran defensor de Shakespeare -su primer texto escrito a la edad de 18 años se llama «En el día de Shakespeare») criticaba a estas mentes ilustradas francesas. Las disputas literarias son divertidas, ¿cómo negarlo?

voltaire.jpgParte de la rivalidad literaria que manifiesta Goethe en sus dos ensayos teóricos: «Sobre la arquitectura alemana» y sobre todo en «En el día de Shakespeare» (la citas que acompañan este artículo están todas sacadas de estos dos textos) podría tener como punto de partida al trabajo realizado en Alemania por Gottsched. Este miembro y partidario de la Ilustración buscaba orientar al teatro de su país al teatro clasicista francés, teatro regulado por la regla de las tres unidades, teatro repudiado por los miembros del Sturm und Drang. Estos jóvenes coincidían en que este tipo de teatro limitaba la libertad así que le opusieron al drama clasicista francés el teatro de Shakespeare. Tomando a Shakespeare como genio creador que rompía con las reglas preestablecidas y enfocando sus criticas no sólo a Gottshed sino también al teatro francés impuesto por él y con ello a distintas personalidades del ambiente cultural francés.

Una de las principales reformas en el teatro alemán impuesta por Lessing fue la de introducir al sujeto burgués dentro de la tragedia, lugar que antes, en el teatro de Gottshed y en el francés por herencia griega, era ocupado por nobles y héroes; adjudicando que éstos no podían ya conmover porque el público burgués no se identificaba con ellos:

«…y ahora agrego enseguida: francesito que quieres con la armadura griega? Si es demasiado grande y pesada para ti!…»



Aquí en este ensayo no hay un rechazo a lo griego ya que consideraba que la forma de la tragedia griega era apropiada, pero para los griegos y no para los franceses, quienes se apropiaban de esta forma casi al igual que Gottshed al querer apropiarse de la forma de los franceses.

Es decir, el arte no se aprende, no es que se herede, o que se tome de un modelo prestado, cada genio lo lleva dentro, como Shakespeare. Sus obras son su propia creación, son naturaleza. Y la tragedia griega también, pero sólo era orgánica, natural entre los griegos.

Al mismo tiempo este alejamiento a las culturas latinas se debe a otro fenómeno: el que los sturmer und drunger buscaban una expresión propia alemana, y una propia personal. La cultura alemana buscaba recuperarse luego de un largo atraso de cien años. Ilse T. M. de Brugger enumera los hechos que provocaron este atraso: los estragos, tanto internos como externos, provocados por la guerra de los Treinta años; falta de un centro cultural importante como Londres o París e insuficiente desarrollo del idioma.
Por estas razones se rechazaban todo tipos de modelos absolutos (como el de Gottshed) aunque sí, se admitían ideas mas parecidas al carácter nacional. Y aquí se encuentran a los poetas y ensayistas ingleses mucho más cerca de lo alemán que a los franceses. Entre ellos, además de la colosal influencia de Shakespeare, se encuentran otras importantes figuras como E. Young y Shaftesbury. Del primero Hamman, maestro de Herder, habia tomado la expresión de «genio», tan usada por los sturmer und drunger.

Este alejamiento de la cultura francesa comienza a convertirse, si ya no era, en un problema nacional, donde ya no son sólo los franceses aquellos de quienes hay que alejarse sino también los italianos, los griegos, la cultura latina en general. En esta época, y esto se refleja en la mayoría de los ensayos del Sturm und Drang, se considera a esta cultura, a estos países, como enemigos:

«…Esta hecho al gusto diminuto, dice el italiano y pasa de lado. Cosa pueriles! balbucea, imitándolo el francés y abre con golpe triunfante su tabaquera a la griega…»

johann-wolfgang-von-goethe.jpgAquí se presentan a los enemigos, caracterizándolos como imitadores de viejas tradiciones y no como creadores. En estos artículos Goethe revaloriza el arte gótico por ver (equivocadamente) a este tipo de arte como creación alemana, irracional, no calculado, sensible. Es decir traslada las características que el Sturm und Drang valoraba a este estilo artístico, y por ende también a la idiosincrasia alemana, al ver ya a todo lo germánico como guerrero, exaltador abrupto de sentimientos, irracional. Y contrapone a estas características al arte griego de los franceses que él tomaba como racional, calculado, innecesario (es necesario aclarar que ésto no es así, ya que también el arte gótico requiere de mucho cálculo y no es para nada utilizado solo a favor de la necesidad, sino todo lo contrario):

«…Si tu, antes que medir, hubieras sentido, luego habría bajado hacia ti el espíritu de las moles que mirabas asombrado…»

Goethe realiza de esta manera una crítica a la cultura latina que se basa en la idea de racionalidad, manifestando que el pensamiento racional no llega a la verdad, sino que va construyendo ficciones, y cuando crean un sistema para llegar a la verdad en realidad se están alejando.

Ahora bien, lo erróneo de este ensayo es que Goethe cree admirar a la arquitectura alemana cuando en realidad esta venerando a la francesa. Más aún, critica ciertos rasgos de la cultura latina en general que pertenecen a su propia biografía.
A esta oposición hay que sumarle también el rechazo sufrido por Goethe por parte de ciertas esferas de la cultura francesa. En un comienzo Goethe fue sólo admirado por los «espíritus sensibles» y despreciado por los seguidores de Voltaire.
Esta notable oposición continuó más allá de la muerte de Goethe; Alexandre Dumas el Joven realizó incluso un escrito en repudia a él: durante mucho tiempo en Francia se leyó con muchísimo descrédito la obra de este autor alemán.

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