Platonov, una obra juvenil de Anton Chéjov

Dentro de la Edad de Oro de las letras rusas, destaca especialmente la narrativa. Pero no debemos olvidar al excepcional dramaturgo (también fue autor de extraordinarios relatos breves) Anton Chéjov, cuyas obras modernizaron el teatro y criticaban duramente la situación de la anacrónica sociedad zarista.

Cuando hablamos de la Edad de Oro de la literatura rusa, habitualmente solemos referirnos a la narrativa, en la que las excepcionales figuras de León Tolstoi, Fiodor Dostoievski, Iván Turgueniev y Nikolai Leskov, entre otros, oscurecen a los creadores de los géneros lírico y dramático que, de este modo, vienen a quedar en un segundo plano.

Anton Chéjov nació en Taganrog (en la foto)

Anton Chéjov nació en Taganrog (en la foto)

Sin embargo, esto no sucede con uno de sus más geniales herederos, Anton Chéjov (Taganrog, 1860-1904), por un doble motivo: fue un gran narrador, especialmente en relatos breves, y se trata de uno de los más extraordinarios dramaturgos de todos los tiempos.

Sus obras teatrales diseccionan a la anacrónica sociedad rusa, que entonces se hallaba en plena desintegración, a través del estudio del fracaso espiritual y humano de sus criaturas. Además, Chéjov desarrolla una nueva técnica dramática a la que llamó «acción indirecta» y que consiste en presentar los acontecimientos dando mayor importancia a la caracterización de los personajes y a lo que sucede entre ellos que al argumento propiamente dicho. En consecuencia, muchos de los sucesos dramáticos que ocurren en las obras del ruso se producen fuera de la escena y los espectadores los conocen indirectamente. Se trata de una técnica muy moderna en su época y que hoy ha sido aceptada tanto por los autores contemporáneos como por sus espectadores pero que, entonces, provocó un cierto rechazo por parte de éstos últimos.

Precisamente, en ‘Platonov’ se presenta ese fracaso espiritual y humano a que antes aludíamos. El protagonista es Mikhail Platonov, un maestro de escuela en una zona apartada de Rusia que posee una cultura y lucidez mucho mayor que las de sus conciudadanos. Ello le produce desesperación personal pero también una reacción sarcástica hacia aquéllos que amenaza con destruirlos a ellos también.

Es la primera obra de Chéjov, que la escribió con apenas dieciocho años, pero en ella se aprecian ya muchas de las inquietudes que conformarán la obra del genial dramaturgo: la denuncia de una sociedad abotargada e inculta que lleva una vida tediosa y anacrónica y que, imposibilitada de comunicarse, se muestra incapaz de cambiar las cosas. Y también la profundidad psicológica en la caracterización de los personajes y la perfecta ligazón de la trama. En este sentido, anticipa muchas de las cuestiones que plantea en sus obras mayores, como ‘Tío Vania’ y ‘El jardín de los cerezos’, donde Chéjov muestra una madurez creativa de la que aún carecía en ‘Platonov’. No obstante, se trata de un texto muy estimable.

Fuente: Alternativa Teatral.

Foto: Alexxx 1979.

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