‘Boquitas pintadas’, de Manuel Puig

Una novela sobre los verdaderos lazos afectivos escrita con las más renovadoras y audaces técnicas narrativas.

Caballos con jinete

Cuando Leopoldo Alas, Clarín, publicó ‘La Regenta’, entre las clases altas de la ciudad de Oviedo se armó tal revuelo que incluso el obispo publicó una pastoral para condenarla. No obstante, más que por la mala imagen que presentaba del clero, especialmente en la figura del perverso Fermín de Pas, el escándalo se produjo porque muchas personas conocidas de la capital asturiana se vieron retratadas y ridiculizadas en ella. Nunca se lo perdonarían al escritor.

Salvando las distancias, algo parecido le ocurrió muchas décadas después al argentino José Manuel Puig Delledonne (1932-1990) en su localidad natal, General Villegas, con ‘Boquitas pintadas’ y por idéntico motivo. Incluso se llegó a prohibir que se proyectase en la ciudad una película basada en la obra y realizada por Leopoldo Torre Nilsson.

Precisamente, Manuel Puig había estudiado cine en Roma y Nueva York antes de dedicarse a la Literatura. Y ello no es intrascendente, pues las técnicas cinematográficas son parte sustancial de su estilo literario. Su primera novela fue ‘La traición de Rita Hayworth’, publicada en 1968 y que narra la historia de un muchacho que, sintiéndose diferente a los demás, halla consuelo viendo películas en el cine de un polvoriento pueblo de La Pampa. No hace falta señalar lo autobiográfico del relato. Hasta tal punto esto es así que Puig abandonaría la redacción de la segunda obra que comenzó y que iba a titularse ‘Humedad relativa 95%’ por considerar que, con aquélla, había agotado sus referencias personales.

Decidió entonces escribir, más que sobre sí mismo, sobre quiénes conocía y tomó como modelos a algunas personas de su villa natal. Nació así ‘Boquitas pintadas’, publicada en 1969. Narra la historia de Juan Carlos Etchepare, un verdadero «don Juan» que se relaciona con tres mujeres: Nené, de humildes orígenes; Mabel, chica bien que le corresponde en su infidelidad y la viuda Di Carlo, criticada por su conducta inapropiada. Sin embargo, cuando el protagonista enferma, descubrirá el verdadero valor de los lazos afectivos al margen de las dependencias del deseo.

Presentada como «un folletín en dieciséis entregas», la novela está escrita en un estilo sumamente audaz, pues la narración tradicional es mínima y casi toda la trama es contada mediante otros recursos como diálogos entre los personajes, cartas, diarios íntimos o publicaciones. Todo ello confiere a Manuel Puig un importante papel en la renovación de las técnicas narrativas que se produjo a lo largo del siglo XX.

Fuente: Biografías y Vidas.

Foto: Matthew Hoelscher.

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