‘Las palabras de la noche’, de Natalia Ginzburg

La vida en un pequeño pueblo italiano a lo largo de los convulsos años centrales del siglo XX contada desde una perspectiva íntima.

Fábrica de hielo Grimsby

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial contemplan en Italia la irrupción del Neorrealismo, ese movimiento principalmente cinematográfico que, además de presentar con crudeza la realidad del país, se centraba profundamente en los personajes, mostrando sus sentimientos e inquietudes. Pero también hubo un neorrealismo literario, en el que puede ubicarse a Vasco Pratolini, Alberto Moravia, Elio Vittorini, Cesare Pavese e incluso, en una primera etapa de su producción, Italo Calvino.

También Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-1991) puede inscribirse en esa tendencia aunque con salvedades. Porque, en sus obras, la vena intimista es más notoria que en los anteriores, si bien tampoco evita las inquietudes sociales.

Ginzburg estudió Letras aunque no llegó a licenciarse. En 1934, publicó su primer relato, ‘Los niños’, en la revista ‘Solaria’. Cinco años más tarde se casó con Leone Ginzburg (de quien tomó el apellido, el suyo era Levi), un militante antifascista que la introdujo en los círculos opositores a Mussolini y que murió en la cárcel. Sola y con tres hijos, obtuvo trabajo en la editorial Eunaldi. Por esta época, apareció su primera novela, ‘El camino que va a la ciudad’, firmada con el pseudónimo «Alessandra Tornimparte». Una vez acabada la guerra, empezó a publicar con regularidad. Así, vieron la luz los relatos ‘Nuestros ayeres’, ‘Valentino’ y ‘Sagitario’ y el libro de ensayos ‘Las pequeñas virtudes’.

A principios de los años sesenta, apareció ‘Las palabras de la noche’, una novela corta que se inscribe en ese realismo intimista al que antes aludíamos. La narradora es una mujer de veintisiete años llamada Elsa. Vive en un pequeño pueblo que depende absolutamente de la fábrica propiedad de los De Francisci, cuyo administrador es el abogado Bottiglia, ya que da trabajo a todos los vecinos.

A medida que avanzan las páginas, vamos conociendo la historia de Elsa y su familia pero también de otros habitantes del pueblo, en un relato que se extiende desde los años previos a la Segunda Guerra Mundial hasta la década del 60. Conocemos así a su charlatana madre, a su conservador padre y a otros vecinos. Y no faltan las habladurías propias de toda pequeña población. No obstante, en un sentido más profundo, la obra cuenta las inquietudes y sentimientos de los personajes ahondando con lirismo en su interioridad. Y, sobre todo, transmite el mensaje de que, pese a los cambios políticos y sociales, las personas sencillas conservan una misma identidad a lo largo del tiempo.

Vía: ‘Libros en estéreo’.

Foto: David Wright.

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