‘No habrá guerra en Troya’, de Jean Giraudoux

Una obra teatral cuyo argumento simboliza la situación prebélica que atravesaba Europa a mediados de los años treinta.

Caballo Troya

Hay temas de la Historia o la Leyenda que han servido como fuente inagotable de inspiración a los escritores. Y, sin duda, uno de ellos ha sido la famosa Guerra de Troya, con su ingrediente romántico del rapto de Helena por el Príncipe Paris. Ya desde la misma Antigüedad con la ‘Ilíada’ de Homero, pasando por autores del clasicismo francés como Jean Racine, han sido muchos los novelistas, poetas y dramaturgos que se han acercado a aquel conflicto medio real medio legendario.

Precisamente otro galo, Jean Giraudoux (Bellac, 1882-1944) también le dedicó una obra de teatro a la que tituló ‘No habrá guerra en Troya’ y que fue estrenada en el Théatre de l’Athénée en 1935 por su amigo el actor Louis Jouvet. No sería la primera incursión en el mundo clásico del dramaturgo, ya que antes había estrenado ‘Judith’ y poco después haría lo propio con ‘Electra’.

Sin embargo, Giraudoux se dedicó tardíamente al teatro. Antes escribió varias novelas como ‘La escuela de los indiferentes’, ‘Simón el Tardío’, ‘Susana y el Pacífico’ o ‘Sigfrido’. En ellas se aprecia un progresivo acercamiento a lo lírico y lo simbólico que se hace aún más patente en su obra dramática. Fue precisamente una versión de su novela ‘Sigfrido’ la que inició su labor teatral. Tras ella, vendrían piezas como ‘Ondina’, ‘Sodoma y Gomorra’ o ‘La loca de Chaillot’. Más que espectáculo escénico, son estas obras un magnífico ejercicio literario, ya que en ellas se concede absoluta preponderancia a la palabra y al estilo.

Es, además, un teatro ajeno a la vida real y rebosante de fantasía y lirismo. ‘No habrá guerra en Troya’ nos lleva a los días previos al estallido de aquel conflicto. Héctor, cuya esposa está embarazada, trata por todos lo medios de evitar la lucha. Y, en consecuencia, ayudado por Hécuba, madre de ambos, intenta convencer a Paris de que libere a Helena. Por su parte, los griegos han enviado como negociador a Ulises. Sin embargo, finalmente no es posible la paz.

Escrita en los años treinta, se ha visto en la obra una representación simbólica de la situación prebélica que atravesaba entonces Europa. Giraudoux, que había sobrevivido a la Primera Guerra Mundial por poco, ya que fue herido en el frente, se muestra defensor en la obra de agotar todas las vías antes de llegar a las armas. Además, ‘No habrá guerra en Troya’ es una pieza de excelente calidad literaria.

Vía: Biografías y Vidas.

Foto: Marion Doss.

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