Eugenio Florit, el poeta de las tres patrias

Los estrechos lazos que unen a los países de habla hispana ha propiciado que muchos escritores nacidos en uno de ellos publiquen toda su obra o la mayor parte de ella en otro. Es el caso del poeta cubano Eugenio Florit, nacido en España pero emigrado allí a los quince años. Su poesía se halla presidida por una religiosidad serena y por el canto a la vida sencilla, al estilo de uno de sus maestros, fray Luis de León, aunque su mentor fue Juan Ramón Jiménez.

La comunidad de estrechos lazos que constituyen los países de habla hispana propicia que, en muchas ocasiones, un escritor nacido en uno de ellos escriba y publique toda o la mayor parte de su obra en otro. Es el caso de los autores españoles del exilio de 1939 y, a la inversa, de un Vargas Llosa o, retrocediendo aún más en el tiempo, de Gertrudis Gómez de Avellaneda.

También sucede esto con el poeta Eugenio Florit (Madrid, 1903-1999), uno de los más relevantes de la literatura cubana. Emigrado con su familia a aquel país en 1918, vivió en él hasta 1940, fecha en que se traslada a Estados Unidos como miembro de la delegación diplomática de Cuba. Allí permanecería el resto de su vida, dedicado a la enseñanza en la Universidad de Columbia.

Hermosa vista de La Habana, ciudad de acogida de Florit

Hermosa vista de La Habana, ciudad de acogida de Florit

Florit se dio a conocer a través de la revista Avance, que tan extraordinario trabajo de recopilación de nuevos poetas realizó en el país antillano. Lírico de raigambre clásica, en sus composiciones se encuentra muy presente la huella de la mejor poesía castellana del Siglo de Oro, especialmente de Góngora y Fray Luis de León. Pero su gran maestro fue Juan Ramón Jiménez, al que definió como ‘Lengua de Pentecostés’.

Sus temas evolucionan desde una religiosidad conmovida y presidida por la fe hasta otros más cotidianos, como la exaltación de la vida sencilla y apartada del mundo, al más puro estilo de la vida retirada del citado fray Luis.


Desde su primer libro, 32 poemas breves, en el que, junto a las influencias mencionadas hallamos reminiscencias románticas y simbolistas, revela ya una voz original que encontraría confirmación en Doble acento y en Reino, el primero de ellos prologado por su mentor, Juan Ramón Jiménez. Estas composiciones muestran una religiosidad serena, en la que predomina un deseo de soledad y de muerte para llegar a Dios. Como no podía ser menos, también es inevitable la relación con el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, que le sirve de guia.

Universidad de Columbia, donde Florit fue profesor

Universidad de Colombia, donde Florit fue profesor

En recopilaciones posteriores, como Hábito de esperanza, sin que desaparezca el componente religioso, canta a las cosas sencillas de la vida, aunque añade una sensación de desvalimiento que procede de la soledad y que proporciona una nota de cierta inquietud a sus composiciones.

En conclusión, toda la obra de Florit muestra una extraordinaria altura poética -con una perfección formal que deriva de su clasicismo-. Y todo ello nos permite situar en uno de los lugares mas destacados dentro de la poesía hispanoamericana del siglo XX al poeta que decía tener tres patrias: Cuba, España y Estados Unidos.

Podéis leer una antología de sus versos aquí.

Fotos: La Habana: Shardox en Flickr | Universidad de Columbia: Mi mundo digital en Flickr

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