‘Antología de poemas’, de Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa fue uno de los mayores amigos y discípulos de Rubén Darío en España. Su poesía es, por tanto, Modernista, pero con las peculiaridades de intimismo y mesura propias del movimiento en nuestro país y que lo diferencian un tanto del Hispanoamericano. De cualquier modo, nunca alcanzó la talla de su maestro o la de otros modernistas, como Manuel Machado.

Las dos estancias en España del gran Rubén Darío, en 1892 y 1899 –sobre todo la primera- suponen el asentamiento definitivo del Modernismo en la península. Aunque había algunos precursores, como el madrileño Ricardo Gil, el Cordobés (que tendrá Córdoba para ser cuna de tan grandes poetas: Mena, Góngora) Manuel Reina, o el malagueño Salvador Rueda, el movimiento aún no había triunfado plenamente entre nosotros.

Rubén Darío

Rubén Darío

Pero la gran capacidad personal de seducción y el enorme talento de Darío convirtieron a la nueva fe poética a los escépticos que aún se resistían. En palabras de Pedro Salinas, el poeta nicaragüense ‘era más que un poeta admirado, tocaba en ídolo’. Tanto es así que algunos críticos han comparado su papel con el de Petrarca en nuestro Renacimiento.

No obstante, el Modernismo español presenta algunas peculiaridades con respecto al de Hispanoamérica. Sobre todo, es menos brillante externamente: hay menos oropeles, menos ninfas y menos alardes formales. Es más íntimo. En este sentido, resulta más simbolista que parnasiano, y en él tiene un importante influjo Gustavo Adolfo Béquer.

El Madrid de la época, por otra parte, era el de la bohemia intelectual. Grandes bebedores y amigos de la noche, por él deambulaban Valle-Inclán, Alejandro Sawa –el Max Estrella de ‘Luces de Bohemia’-, Manuel Paso, Zamacois, Emilio Carrere o los grandes amigos de Darío: Manuel Machado, Marquina y Villaespesa. No es de extrañar que el nicaragüense, fiel compañero de la absenta, encajase como un guante entre ellos.

De otro lado, su enorme talento tenía por fuerza que imponerse en una época en que la poesía peninsular arrastraba la rémora de la etapa realista, más bien prosáica y consagrada a la narrativa. Tan es así que casi todos los poetas del periodo muestran en su trayectoria una etapa cercana al Modernismo (incluso el austero Antonio Machado).

Pero uno de los grandes paladines del movimiento en España fue, sin duda, Francisco Villaespesa, de quién presentamos esta Antología. Para una voz tan autorizada como la de Juan Ramón Jiménez, a quién trajo a Madrid, fue ‘el cruzado, el púgil del Modernismo’, y, en este caso, lo siguió siendo a lo largo de toda su vida.

Villaespesa (Laujar de Andarax, Almería, 1877-Madrid, 1936) fue un bohemio en toda regla. Aunque inició estudios de Derecho, jamás tuvo otra ocupación que la literatura y ello se traduce en una obra extensísima para un poeta: cincuenta y un libros líricos y unas veinticinco obras teatrales.

Alpujarra almeriense, donde nació Villaespesa

Alpujarra almeriense, donde nació Villaespesa

Entre los primeros, valgan como ejemplo ‘La musa enferma’, ‘El patio de los Arrayanes’, ‘Los remansos del crepúsculo’, ‘Torre de marfil’ o ‘Los nocturnos del Generalife’, todos ellos títulos harto significativos de su musa modernista.

Entre sus obras teatrales, de gran éxito en su época, citemos ‘Doña María de Padilla’, ‘Aben Humeya’, ‘La leona de Castilla’ y su gran triunfo, ‘El alcázar de las perlas’. Se trata de un teatro poético, que traslada a la escena las galas del verso modernista: colorismo, sonoridad y belleza. Son cataratas de versos, aptos para el recitado de los actores del periodo, encantados de poder declamar a su gusto. Ideológicamente es marcadamente tradicionalista: ante la crisis espiritual de la época, exalta los ideales nobiliarios del pasado, las gestas medievales o los altos momentos del Imperio. En suma, es un teatro de época que muy pronto quedaría desfasado.

Mayor valor reviste su obra poética, aunque no alcanza la altura de un Manuel Machado, ni mucho menos la de Darío. Junto a su Modernismo militante, debe no poco al Romanticismo, sobre todo a Zorrilla, y también a los precursores citados anteriormente, sobre todo Salvador Rueda.

Casa Batlló, obra de Gaudí y muestra de Modernismo arquitectónico

Casa Batlló, obra de Gaudí y muestra de Modernismo arquitectónico

Debemos precisar que la preocupación por España, omnipresente en los prosistas de la Generación del 98 o en Machado –por poner el ejemplo de un lírico- no aparece por parte alguna en los poetas de esta tendencia. Su tratamiento de lo español se reduce a captaciones estéticas del paisaje y a evocaciones líricas de alguna figura histórica.

Así, Villaespesa trata en su poesía –y esto es lo mejor de ella- temas íntimos: su melancolía, sus tristezas y desgracias, y en un ámbito más mundano, la bohemia, lo profano, lo febril, con una forma morosa y preciosista. El erotismo y todo lo prohibido ocupan, igualmente, una parte importante de su lírica. Los modernistas gozaban de un halo de ‘malditos’ que, por otra parte, a ellos les encantaba y procuraban alimentar.

Excelente cultivador del soneto, siempre prefiere el verso de arte mayor, en el que introduce efectos sensoriales y de color, musicalidad y todo tipo de recursos estilísticos: metáforas rotundas, cultismos, sinestesias o aliteraciones.

No es Villaespesa un mal poeta. Pero nunca alcanzó –tampoco era sencillo- las cotas de elevación artística que su maestro Darío lograba cada vez que se ponía a escribir. Claro que los genios suelen ser únicos y, por tanto, no se le puede reprochar al almeriense que quedase por debajo.

Vista de Caracas, ciudad donde Villaespesa vivió diez años

Vista de Caracas, ciudad donde Villaespesa vivió diez años

Cuando su poesía habla de su intimidad alcanza sus mejores logros, pues a la belleza formal une lo sentido. El resto, lo mundano, no pasa de meros ejercicios formales, de cierta belleza, pero juegos literarios a fin de cuentas. Y muchas veces cae en el exceso, en el que casi siempre terminan los movimientos literarios de ruptura. Ocurrió con el Romanticismo y también se puede apreciar en los años finales del movimiento de Darío, cuando, desaparecido éste, el también poeta Enrique González Martínez lanzó su famosa consigna: ‘Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje…’

En este sentido, el Modernismo fue un movimiento –hasta cierto punto- efímero, puesto que, hacia 1915, puede dársele por finiquitado. Pero sus hallazgos poéticos renovaron completamente la lírica castellana, transformándola y haciéndola moderna. Y, en cualquier caso, permanece como máxima expresión de la belleza formal en la literatura. Y ésta no consiste sólo en profundas meditaciones filosóficas. Siempre que leamos versos de alguno de estos autores, nos conmoverá su hermosura.

Fotos: Rubén Darío: JohnManuel en Wikipedia | Alpujarra: Seglea en Wikipedia | Casa Batlló: Artur Nowak en Wikimedia | Caracas: Thekillerkira en Wikipedia

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