Oboe sumergido, de Salvatore Quasimodo, del hermetismo a lo social

El Simbolismo francés tuvo enorme influencia en la lírica posterior. Además de al Modernismo o al Surrealismo, su magisterio se extendió a un grupo de poetas italianos conocidos como «Escuela hermética», de la que es miembro destacado Salvatore Quasimodo, Premio Nóbel de Literatura en 1959 y autor de una poesía cargada de símbolos y alusiones míticas, como se aprecia en ‘Oboe sumergido’.

El movimiento simbolista que se desarrolla en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo una influencia enorme sobre la lírica posterior. Esta estética, iniciada por Charles Baudelaire, gran maestro, y continuada por Rimbaud, Paul Verlaine -sumo pontífice- y Stephane Mallarmé, trataba de expresar mediante la poesía las realidades que se ocultan tras el mundo sensible, que es tan sólo reflejo –o símbolo, de ahí el nombre de la escuela- de aquéllas.

Del Simbolismo bebieron, entre otros movimientos, el Modernismo hispanoamericano de Rubén Darío o el Surrealismo de André Breton y Louis Aragon y también un grupo de poetas que, con el tiempo, configurarían la llamada «Escuela hermética italiana». Una de sus figura más destacadas fue el siciliano Salvatore Quasimodo (Modica, 1901-1968), quién, no obstante, evolucionaría con el tiempo hacía una lírica menos oscura y de mayor contenido social.

Foto de Modica (Sicilia)

Una vista de Modica (Sicilia), donde nació Salvatore Quasimodo

Premio Nobel de Literatura en 1959 «por su poesía lírica, que con un fuego clásico expresa la trágica experiencia de vida en nuestros tiempos», Quasimodo estudió ingeniería y trabajó como funcionario pero abandonó estas tareas para dedicarse al periodismo y la Literatura. Opuesto al Fascismo, se dio a conocer en 1930 con el libro ‘Aguas y tierras’, de tono menor. Más importante sería su siguiente volumen, ‘Oboe sumergido’, que obtuvo importantes elogios de la crítica.

Una de sus composiciones más logradas de este texto es, precisamente, la que da título a la obra, ‘Oboe sumergido’, donde el poeta llama a la pena tras un desengaño amoroso que le ha dejado yermo, estado que contrapone con el sonido de un “oboe gélido”. Sin embargo, su lenguaje –como veníamos diciendo- es hermético y no resulta fácil discernir el mensaje del autor, a lo que contribuye su tono culto. La forma es escueta, casi diríamos que minimalista, y el léxico es enormemente simbólico y por ello cargado de resonancias. Se trata de una breve composición cuya lectura nos muestra un ingente trabajo de depuración poética.

No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial, Quasimodo se orientaría hacia una lírica de inquietudes sociales y, en consonancia, con objeto de llegar a una más amplia cantidad de lectores, sus formas se harían más claras. En esta etapa, uno de sus temas predilectos sería la comparación entre las cadenas a que se halla sometido el hombre moderno y los mitos griegos, una original forma de denunciar las ataduras que ha traído la sociedad contemporánea con su aparente bienestar.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Nobel Prize.

Foto: Furibond.

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