Piedra negra sobre una piedra blanca, César Vallejo presiente su muerte

César Vallejo es uno de los más grandes poetas de la lírica hispanoamericana contemporánea y, sin duda, el más importante de su Perú natal. Su lírica es una impresionante muestra del dolor humano. Así se aprecia en ‘Piedra negra sobre piedra blanca’, donde el poeta presiente su muerte.

Tras el periodo de apogeo del Modernismo capitaneado por Rubén Darío, tres poetas sobresalen por encima de los demás en la, por otra parte, riquísima lírica hispanoamericana: Vicente Huidobro representa el mundo de las vanguardias, Pablo Neruda el orgullo nativo y, sobre todo, el sentimiento y Vallejo el dolor humano sin paliativos. Son tres grandes figuras poéticas de talla universal.

Naturalmente, esta clasificación no es, en absoluto rígida. También en Neruda se aprecia el sufrimiento o en Vallejo lo sentimental. Pero lo que transmite por encima de otras consideraciones la lírica de César Vallejo (Santiago de Chuca, Perú, 1892-1938) es el dolor agudo de vivir, una visión del mundo como lugar de padecimiento para el que no hay esperanza. Y es ello lo que le confiere un tono humano impresionante.

Foto de la casa natal de César Vallejo

Casa natal de César Vallejo en Santiago de Chuca (Perú)

Vallejo vivió de niño la miseria pero también el calor del hogar familiar y la lejanía de éste le causa un profundo desarraigo que contribuye a aumentar su sensación de desamparo ante el mundo hostil. Y, como resultado, nos brinda una obra en la que el dolor humano se expresa de las formas más crudas pero también más originales e impactantes y en la que destacan tres libros por encima de los demás.

El primero de ellos lleva por significativo título ‘Los heraldo negros’ y es aún deudor del Modernismo, aunque su léxico es más sencillo y su hondura extraordinaria. En él canta a la familia y a sus tierras americanas. No obstante, algunas composiciones ya revelan una profunda tristeza. Seguidamente aparece ‘Trilce’, que supone un giro radical. Inserto en las corrientes de vanguardia, rompe con la poesía tradicional, y hasta con la lógica y la sintaxis –incluso crea palabras nuevas como la del propio título- pero una amarga protesta se capta por debajo de sus audacias formales.

No obstante, quizá su libro más sentido sea ‘Poemas humanos’, publicado póstumamente y al que la crítica considera una de las obras más importantes que se han escrito sobre el dolor humano, tanto propio como ajeno. A él pertenece ‘Piedra negra sobre una piedra blanca’, cuyo impresionante comienzo –»me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo»- es de por sí suficientemente indicativo del tono del poema, que revela a un hombre solo y que se siente apaleado por la vida. Es difícil condensar en tan pocas palabras tanto sufrimiento y, sobre todo, ser capaz de transmitirlo con tan enorme e impactante fuerza humana. Se trata, sin duda, de una extraordinaria composición.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Ale.uji.

Foto: Carlos Adampol.

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