Edgar Allan Poe inaugura el relato policíaco

De vez en cuando, surge un genio en la literatura que revoluciona el panorama de las letras. Lo fueron Cervantes o Rubén Darío, por mencionar dos claros ejemplos. Y lo fue también Edgar Allan Poe, creador del relato policíaco con Los crímenes de la calle Morgue, cuento en el que aparece igualmente por vez primera Auguste Dupin, el deductivo investigador que inspiraría, entre otros muchos, al Sherlock Holmes de Conan Doyle.

 

De vez en cuando, en la literatura surge un genio, un autor original cuyo parecido a los anteriores es nulo y que revoluciona el panorama literario y abre caminos a generaciones futuras. Uno de ellos fue Cervantes, otro Shakespeare, otro más Lope de Vega. En fin, podríamos seguir con Víctor Hugo, Flaubert o Rubén Darío y lo cierto es que siempre nos quedaría algún nombre en el tintero.

Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

Otro de ellos fue el norteamericano Edgar Allan Poe (Boston, 1809-1849), entre cuyos méritos se encuentran la creación del relato policíaco, la elevación del género de terror a categorías hasta entonces nunca alcanzadas o el perfeccionamiento de la narrativa breve y el cuento. Incluso la literatura de tinte fantástico le debe mucho.

Fue Por un hombre desdichado. Su vida se desarrolló permanentemente al borde de los abismos de la neurosis y el delirium tremens. Quizá por ello exploró como pocos las honduras más insospechadas de la mente humana.

Aunque escribió poesía –El cuervo es una inquietante composición- y una novela extensa –Las aventuras de Arthur Gordon Pym-, su fama se debe a sus relatos breves. Legó un altísimo número de cuentos de diversas temáticas y a cual mejor.


Desde luego, entre ellos destacan los policíacos, género que inaugura y al que confiere personalidad propia. Los más relevantes son La carta robada, Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Roget y El escarabajo de oro. A él se debe, así mismo, la creación de la figura del detective analítico y deductivo que, con sus métodos lógicos, resuelve los casos que la policía es incapaz de solucionar. Auguste Dupin, lo llamó.

El relato titulado Los crímenes de la calle Morgue apareció publicado en la revista Graham’s Magazine de Filadelfia en 1841. En una vivienda de París han aparecido brutalmente asesinadas dos mujeres, madre e hija. La policía se encuentra absolutamente perdida hasta que aparece un investigador aficionado –el citado Dupin– que, aplicando sus peculiares métodos detectivescos basados en hacer acopio de detalles, encadenarlos y –mediante la deducción- llegar a una solución lógica, proporciona al suceso una extraordinaria explicación.

Vieja calle de Boston, ciudad natal de Poe

Vieja calle de Boston, ciudad natal de Poe

Dupin es el investigador canónico del género policíaco. De él proceden todos los detectives que pueblan estas novelas. El mismísimo Sherlock Holmes le debe mucho, pues no de otro toma su sistema. Pero, además, Los crímenes de la calle Morgue contienen otros elementos inquietantes. Por ejemplo, una brutalidad ciega que sólo se explica por algún tipo de tara mental y un ambiente oscuro que recuerda al de las novelas góticas. No en balde, algunos críticos bautizaron la obra de Edgar Allan Poe como Romanticismo oscuro.

Puedes leer la obra aquí.

Fotos: Poe: Mansionwb en Flickr | Boston: Darronschall en Flickr

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