‘El señor Rysanek y el señor Schlegl’, de Jan Neruda

Un relato perteneciente a sus ‘Cuentos de Malá Strana’, volumen encantador donde refleja la vida en la Praga de la época dorada.

Mala Strana, Praga

Praga cuenta con dos barrios que destacan sobre los demás por su veteranía y belleza. Uno es la Ciudad Vieja (Staré Mesto) y el otro, algo más moderno, Malá Strana («el Barrio Pequeño»). Éste último cuenta con la iglesia barroca de San Nicolás y se halla cercano al castillo Hradcany, sede de la antigua monarquía checa. Pero su verdadero encanto reside en las calles empedradas alumbradas por faroles y en las casas típicas de tejados rojos y chimeneas que le proporcionan un aire de otro tiempo.

En una de esas calles nació Jan Neruda (Praga, 1834-1891), una de las grandes figuras de las letras checas en cuyo nombre, al parecer, se inspiró el gran poeta chileno Ricardo Neftalí Reyes Basoalto para su pseudónimo, «Pablo Neruda».

Representante del realismo decimonónico e introductor de la fórmula editorial del folletín en las letras checas, Neruda perteneció a la llamada «Escuela de mayo», inspirada por el poeta Karel Macha y que propugnaba un renacimiento patriótico de la cultura autóctona frente al dominio germano. Tras publicar algunos ensayos en la prensa, la consagración literaria le llegaría con su poema ‘Cantos cósmicos’. Sin embargo, no es la lírica la faceta más conocida de la creación de Neruda. Más populares son sus libros de viajes como ‘Cuadros parisienses’ y, sobre todo, sus volúmenes de relatos breves, género en el que era un verdadero maestro. Entre éstos, destacan ‘Imágenes de la vieja Praga’ o ‘Escenas y arabescos’.

Pero, principalmente, ‘Cuentos de Malá Strana’, compuesto por once relatos y que incluye ‘El señor Rysanek y el señor Schlegl’. En éste nos presenta la historia de una enemistad peculiar. Los dos ancianos caballeros que le dan título frecuentan todos los días la misma taberna y se sientan en los extremos opuestos de la misma mesa. Pero no se dirigen la palabra, al parecer desde que una mujer a la que ambos amaban se casó con uno de ellos.

Sin embargo, el verdadero protagonista del cuento y de los restantes que conforman el volumen es el barrio de Malá Strana. Basándose en sus recuerdos de infancia y ejerciendo como cronista, Neruda nos narra pequeñas historias de la vida cotidiana de sus habitantes que conoce muy bien. Así, desfilan por el libro toda clase de personajes pintorescos al tiempo que recorremos sus calles con tabernas centenarias y contemplamos sus monumentos. Incluso parece que seamos capaces de captar sus olores y la atmósfera tranquila que lo caracteriza. ‘Cuentos de Malá Strana’ es, en suma, una pequeña obra maestra.

Vía: ‘Hoy Digital’.

Foto: Román Boed.

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