James Joyce, un ingeniero de la literatura

Algunos escritores marcan un antes y un después en la historia de la literatura. Es el caso del irlandés James Joyce con la novela. Su Ulises constituye una cima de la experimentación narrativa. Pero Joyce escribió también un libro de relatos breves, Dublineses, más realista que su obra maestra y que constituye un retrato sarcástico de la Irlanda de su época. A él pertenece Una pensión, cuento irónico sobre la vida en una casa de huéspedes y las relaciones entre uno de ellos y la hija de la patrona.

Hay escritores que marcan un antes y un después en la historia de la literatura. Su aportación –con independencia de que nos guste más o menos- supone una verdadera novedad en la forma de componer la obra literaria y, tras ella, las técnicas y recursos de la escritura artística no vuelven a ser los mismos.

Monumento a James Joyce

Monumento a James Joyce

Uno de estos autores es el irlandés James Joyce (Dublín, 1882-1941), quién, con su famoso Ulises, revoluciono la narrativa. Ciertamente, es ésta una novela que no gusta a todo el mundo. Se la tacha de pesada, de no tener argumento, de ser de difícil lectura y de muchos otros defectos, pero ello no es óbice para considerarla una de las mejores del siglo XX por un sin fin de motivos.

Entre ellos, destacan la aguda utilización del monologo interior -es decir, la reproducción libre del fluir del pensamiento de los personajes-, la experimentación lingüística o la variedad de técnicas literarias, con capítulos escritos al modo de ensayos, de artículos periodísticos o dialogados.

No obstante, Joyce escribió más que el Ulises. Por no aludir a su siguiente novela, Finnegans Wake, que aún supera en dificultad a la anterior, ya que en ella no es inteligible ni siquiera el idioma, hablaremos de su único libro de relatos breves, titulado Dublineses, y que pretende ser una sátira de las clases media y baja de la Irlanda de su época.


Dublineses comprende cuentos mucho más asequibles al lector que las dos obras anteriores, ya que su técnica es más realista. No obstante, un escritor es como es y, a la hora de escribir, no puede renunciar a su estilo. Y, así, en estos relatos continúa presente una forma de flujo de conciencia, aunque suavizado, y, en beneficio del pensamiento de los personajes, escasea la anécdota.

Dublín, ciudad natal de Joyce

Dublín, ciudad natal de Joyce

Uno de estos cuentos es La pensión, retrato de la convivencia típica en estas casas y en aquella época. La señora Mooney, al separarse de su bebedor marido, pone una casa de huéspedes, ayudada por sus dos hijos, Jack y Polly. Uno de sus clientes es un joven oficinista llamado Doran. Entre éste y Polly surge un acercamiento que culminan manteniendo relaciones íntimas. Enterada la madre de la muchacha, exige una reparación que, según las costumbres del momento, debe consistir en el matrimonio.

Pero, como decíamos anteriormente, la trama es mera excusa para que Joyce luzca un estilo narrativo ágil y brillante y dé rienda suelta a los escarceos de conciencia de los personajes, que fluyen a lo largo del relato.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: Monumento a James Joyce: Mike Fleming en Flickr | Dublín: Ugg Boy en Flickr

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