Reino de Cordelia publica ‘El gran Gatsby’, de Scott Fitzgerald

Hoy es un clásico de la Literatura Norteamericana que, además, posee gran valor para conocer las mentalidades y formas de vida del periodo de entreguerras, una época que presagiaba la catástrofe que llegaría en 1939.

Carteles de 'El gran Gatsby'

Carteles anunciadores de la novela

Tras la brutal tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial, el mundo entró en un periodo de reconstrucción que trajo prosperidad económica y, con ella, un afán por disfrutar de los placeres de la vida en el que había mucho de anhelo por olvidar el conflicto. Fueron los «felices años veinte» y no duraron demasiado, pues el famoso Crack de 1929 -una crisis semejante a la actual- devolvió a la realidad a la inmensa mayoría de la población. Testigos y relatores de aquella época fueron los integrantes de la llamada Generación Perdida norteamericana: John Steinbeck, Ernest Hemingway, William Faulkner o John Dos Passos.

Sin embargo, fue otro de sus miembros quién mejor noveló aquel periodo, quizá porque participó más que ningún otro en sus excesos. Se trata de Francis Scott Fitzgerald (Saint Paul, Minnesota, 1896-1940), cuya obra maestra, ‘El gran Gatsby’, ahora reedita Reino de Cordelia y que definió a aquel grupo generacional como el que «había encontrado todos los dioses muertos, las guerras combatidas y la fe en el hombre destruida».

De familia acaudalada, Scott Fitzgerald abandonó sus estudios en la Universidad de Princeton, precisamente, para combatir en la Primera Guerra Mundial. Tras regresar a su país, conoció a la mujer que, para bien y para mal, marcaría su vida: Zelda Sayre, en quién se inspiraría para crear «todas las muchachas doradas» que aparecen en sus novelas. Con la primera de ellas, ‘A este lado del Paraiso’, ya disfrutó del éxito y la riqueza, lo que permitió al ya matrimonio llevar una vida de lujos y fiestas absolutamente disipada. Basta leer esa a modo de crónica de los excesos de la generación que es ‘París era una fiesta’, del propio Hemingway, para comprenderlo.

Tras ‘Los hermosos y malditos’, Fitzgerald publicó ‘El gran Gatsby’, que, en principio, no tuvo demasiado éxito aunque hoy es considerado un clásico de las letras norteamericanas y es leído en los centros de enseñanza como aquí leemos el ‘Quijote’ cervantino.

Saint Paul (Minnesota)

Una vista de Saint Paul (Minnesota), ciudad natal de Scott Fitzgerald

A grandes rasgos, narra una historia de amor imposible entre el protagonista, Jay Gatsby, un hombre que, tras combatir en la Gran Guerra, ha conseguido hacer fortuna en el mundo de los negocios turbios, y Daisy Fay, una genuina representante de esa clase de jóvenes «ricos y descontrolados» que disfrutan de la vida como si no hubiera un mañana y que llevan en sí mismos el germen de su propia destrucción. Sin embargo, por encima del argumento, lo que hace extraordinaria la novela es precisamente el retrato de esa clase social en particular y de aquel mundo en general que se encaminaba inconscientemente a una nueva tragedia bélica. La historia es narrada por Nick Carraway, a la sazón primo de Daisy y vecino de Gatsby, y especialmente destacable es la calidad de los diálogos.

Es, sin duda, la novela de Fitzgerald una obra maestra. Tras ella, sólo publicaría en vida otra obra, ‘Suave es la noche’, que, a pesar de contar con muchos de los ingredientes de la anterior, tiene un carácter muy distinto. Porque, oculta en la peripecia del prometedor psicoanalista Dick Diver y su esposa, Nicole, que a la vez es su paciente, subyace la propia historia de Fitzgerald, quién en 1932 hubo de ingresar a Zelda en un centro psiquiátrico a causa de que padecía esquizofrenia. Agobiado por el sufrimiento y por los problemas económicos, el autor se encerró en una finca cercana para escribirla. Por entonces, su problema de alcoholismo se había agudizado (se rumorea que bebía doscientas cervezas al día) y, aunque fue contratado como guionista por la industria de Hollywood, era ya tan sólo una sombra de lo que había sido. Quizá su talento se había acabado como también había terminado su época, aquella que tan intensamente viviera y tan extraordinariamente describiera en sus novelas.

Fuente: The F. Scott Fitzgerald Society.

Fotos: Manchester Library y Mulad.

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