‘Las manos son inocentes’, de José López Rubio

Guionista en Hollywood y autor teatral, Lopez Rubio reflexiona en esta obra dramática sobre cuestiones como la culpa y el remordimiento tras un hecho criminal.

Platea del Teatro María Guerrero
En el panorama literario de los años que preceden a la Guerra Civil española, se produce un hito que oscurece todo demás: el surgimiento del Grupo Poético del Veintisiete, compuesto por autores de extraordinaria calidad lírica como García Lorca, Jorge Guillén o Gerardo Diego. Pero, junto a ellos, hay una serie de escritores, preferentemente dedicados a la prosa, cuya altura artística no desmerece la de éstos aunque hoy sean menos recordados.

En certero calificativo, se la ha llamado «la otra Generación del Veintisiete» y, entre ellos, hay destacados novelistas y dramaturgos como Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville o Miguel Mihura. Y también el autor del citado membrete: José López Rubio (Motril, Granada, 1903-1996).

Llegado a Madrid para estudiar Derecho, López Rubio entró pronto en contacto con el grupo que Ramón Gómez de la Serna, «factótum» de la vanguardia española, congregaba en torno a su tertulia del Café Pombo. Comenzó a colaborar en diversos periódicos y escribió sus primeras obras. Entre éstas, la novela ‘Roque Six’, de indudable raigambre ramoniana, y algunos textos teatrales en colaboración con los citados Jardiel y Neville. Sería precisamente en los escenarios donde alcanzaría mayor fama literaria con comedias dotadas de un personal sentido del humor. Pero antes, como sus amigos, vivió unos años en Hollywood trabajando como guionista y, tras regresar a España, incluso dirigió algunas películas como ‘Eugenia de Montijo’ o ‘El crimen de Pepe Conde’.

Entre sus obras teatrales destacan ‘Celos del aire’, que obtuvo el Premio Fastenrath en 1950, ‘La venda en los ojos’, ‘Un trono para Cristi’ o ‘Diana está comunicando’. Una labor que le granjeó igualmente el Premio Nacional de Teatro en 1954. Así mismo, muy interesante es ‘Las manos son inocentes’, estrenada en el Teatro María Guerrero el dos de octubre de 1958.

Paula y Germán son un matrimonio que atraviesa una difícil situación económica. Para salir de ella, planean asesinar a un anciano que vive alquilado en su casa, haciéndose así con sus ahorros. Alteran su medicación y éste muere. Pero la conciencia de los homicidas no les da tregua y, al aparecer el albacea testamentario del difunto, Germán le entrega el dinero. Sin embargo, su sorpresa es mayúscula cuando se abre el testamento y descubren lo que el anciano había previsto. Se trata de uno de los pocos dramas serios de López Rubio, en el que profundiza muy bien en cuestiones como la culpa y el remordimiento.

Fuente: Centro Virtual Cervantes.

Foto: Alex Pascual Guardia.

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