La Gaviota, de Antón Chejov

Pese a que Antón Chejov fue en un principio reconocido como uno de los mejores escritores de relatos cortos, cuyo uso del monólogo interno encandiló a autores de la talla de James Joyce, Tennessee Williams o Arthur Miller, lo cierto es que entre sus producciones más apreciadas se encuentran sus cuatro obras teatrales: La Gaviota (1887), de la que hablaremos aquí, Tío Vania (1897), Las tres hermanas (1901) y El jardín de los cerezos (1904). Su faceta de dramaturgo, sin embargo, no le reportó grandes satisfacciones en un primer momento. De hecho, no sería hasta la llegada de la compañía de Teatro del Arte de Moscú de Konstantín Stanislavski cuando sus piezas fueron realmente aclamadas. Era el año 1896, pero La Gaviota fue escrita casi diez años antes.

La Gaviota, primera obra teatral de Chejov.

Así, dicha obra se estructura en cuatro actos y tiene a cuatro complicados e intensos personajes como protagonistas: Nina, ingenua aspirante a actriz; Irina Arkádina, una antigua y gloriosa actriz ahora en relegada de los escenarios; Konstantín Tréplev, dramaturgo experimental e hijo de Irina y Trigorin, famoso escritor. Una historia sin mucha acción donde convergen las preocupaciones de dos grupos que se erigen como escaparate del pasado y futuro de Rusia. Dos actrices, una vieja y acabada y otra joven y aspirante. Dos dramaturgos, uno con éxito y otro novato. En este punto, cabe destacar el uso premeditado de acciones que no tienen lugar en el escenario, sino entre bambalinas, y que son expresadas mediante ruidos (un disparo, una canción, unas campanas…). Dichos recursos han sido largamente imitados, sirviendo en gran medida para dotar de una nueva dimensión al espacio teatral y evidenciar que la vida continuaba su curso más allá de las tablas.

Como hemos dicho antes, esos pares antitéticos que son los personajes se insertan en un contexto bien característico: el de la clase aristocrática rusa venida a menos, esa que ha perdido gran parte del poder y el brillo que antes la caracterizaban. Sobre ellos se erige un nuevo orden, esa burguesía nacida al abrigo de la industrialización. Como podemos comprobar, Antón Chejov se caracterizó por ser un observador incansable de su país además de protagonista, plasmando en sus textos muchas de las inquietudes de la época, que basculaban entre la tradición y la apertura a un nuevo mundo modernizado.

Si deseas leer La Gaviota en su totalidad, te recomendamos este enlace.

Retrato Antón Chejov por Osip Braz en Wikipedia Commons.

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